Esta es tu verdad

 

Agnes miraba los carteles de la ruta y aceleraba aún más. Sus hijos iban durmiendo en los asientos de atrás, bellos, dulces y silenciosos, tan calmados que daba gusto mirarlos. Era una noche igual de pacífica, 4am y caía un pequeño y tenue rocío que parecía ser el llanto de algún ángel, pero ese lloraba de felicidad porque Dios lo habría premiado con una gran cena o había salvado un alma y se sentía dichoso.

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