Usted

Veo un par de fotos que nos tomamos, las calles que caminamos, los helados que comimos, las cervezas que abrimos, las copas que servimos, los bolsos que armamos, las cosas que escribimos (lo linda que es usted)

; después me acuerdo de las miradas cómplices (seguidas de sonrisas cercanas) e irremediablemente la veo, otra vez, dándome la mano, puedo hasta percibir la calidez de su palma sobre la mía, los pequeños deditos enredados a los míos, la seguridad que me daba, como si directo a los ojos me dijera “Nos tenemos, no necesitamos nada más”.
Las finas sábanas negras que tanto le gustaban, que lavaba y volvía a usar, conmigo. Lo ordenada que es usted, tan cuidadosa y pulcra. “Las cosas en su lugar”, me decía.
Y por eso estoy acá, de cualquier forma que quiera me tiene y siempre va a ser así porque (ésto ya siendo una carta personal) le quiero como persona. (¡Y le juro un querer sin fin, verdadero, linda!)
Si la voy a querer que cueste.
Si se va a ir que sea conmigo.
Si se va a quedar que sea donde esté.
Y si no va a volver, avíseme lo más pronto, porque así dejo de esperar las respuestas a mis dudas, las letras a mis poemas (así como una caricia al alma) y al álbum de fotos que le dí… pídale perdón, dígale gracias, coméntele que nos ama, y hasta siempre.
Hasta que quiera usted.
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