PERMISO PARA ENAMORARME

Le prometí a mi terapeuta no pensar en la transformación del futuro, ni el próximo ni el lejano. “Porque el futuro no esta a tu alcance”, serenate. Pero es que si te veo sonreír con los dientitos pequeños, si me abrazas con esa ternura casi de vergüenza y si me miras con esa calidez; yo vuelo.

Pediste permiso para enamor(arte)+(más). Yo te digo que vos sos libre y tenés todos los permisos firmados. Autorizado para encantarme y no dejar de hacerlo, porque para eso no tenes permiso.

En(amor) del arte del que todos tienen miedo, del intangible (excepto en tus manos).

La tinta de tus venas es la cuota diaria en el permiso.

Estas autorizado, pero no me dejes incompleta.

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Conjunto tangible

​De alguien que todavía no conozco, no aún en esta vida, estoy enamorada. Donde veo nubes, está, dónde siento sol, está, donde apago la linterna, aparece. No me asusta, me saca el sueño, me roba la inquietud de que todo lo tangible es ciertamente serio. Me roba de las manos, las ganas de sentir y en un beso olvidado, un síntoma tibio del que posee la paz.

Tibiedad que no me pertenece, que no me caracteriza, esta suerte de manifiesto es para él.

Estoy enamorada; no te conozco, sos frío, pero distinto a esa bufanda que uso cada invierno, tenés colores, más no figura. Sos como un viento de luces, o me apagas las luces; no sé, amigo, es difuso. Estas hecho de una masa abstracta, lleno de telas viejas, de vigas de tren, de agujeros en la remera, vacío de blancos y negros, sos el rollo de la cámara de mis papás.

Estoy enamorada de la ilusión que no ilusiona, cuando me imagino cómo te llamarás o si me llamarás, o si llamaras ¿atendería?

No te gustan los poemas, te imagino en una página de un libro nuevito, sos el marcador de cartón que me dieron una vez en la Iglesia, no sos flor ni pipa, ni consejo errante ni amor sincero, no sos trillado, pero no soy la única enamorada.

Niego que me des miedo, niego que me calmes las penas, niego que me abras un camino y que me ayudes a transitarlo, niego que tengas algo hecho, algo listo, nada armado, sos un desastre, sos un abismo de locura, sos un impresentable; maestro de la neutralidad.

Anciano de mis saberes más oscuros, de mis penurias enjauladas en algún puto lugar. De mis llanuras no tan cálidas como las tuyas, sos una quebrada norteña pero los caminos cruzan el río y no imagino fácil hecharle piedras para parar la corriente.

Sonido que cubre la cuna del arroyito, entre las serranías.

Estoy enamorada, de alguien que ni es conjunto tangible. Estoy enamorada, porque me dí cuenta de que sos el sujeto tácito de la oración que tengo tatuada en la muñeca izquierda.

De ser puta (y la otredad)

​A mi mejor amiga le gritaron “puta” en la calle, hoy me escribió para contarme que sintió que la manoseaban. Y no quería. No le gustó.

Hoy me contó que está embarazada.

A mi mejor amiga, el padre le pega, con el cinto, con la mano, a su hermana también. Porque es mujer, porque las dos lo son, a ella le pega más porque está desviada, siempre lo estuvo; hay que corregirla.

Tiene 16, una piba a la que invitan a fiestas, a pasear, a andar en bici, una piba con una vida como la mía, ahora dice que “no” a todas esas salidas por la culpa, por el miedo, por la vergüenza, por lo que “tiene adentro”, por el qué dirán.

Dice que quiere hacer dieta, que tiene que empezar. No dice que tiene miedo, no dice que le entra el cagazo cada vez que cruza la puerta de su casa, en la entrada o salida, porque el mundo y su familia son lo mismo, y ambos pisan fuerte. No dice que llora a la noche porque el novio le gritó. Se repite que es su culpa, se repite que no le va a hablar más del bebé al novio, porque ese es un tema de ella.

Hoy una profesora le pidió que pasara a dar lección, pero no sabía que, la noche anterior pudieron más los mensajes que el novio no le contestaba y el quedarse susurrando su nombre, seguido de un agudo grito, que estudiar para Geografía; le dijo que “no, profe”.

“- Bueno, me deja tranquila que alguna vez dijiste que ‘no’.”

Mi amiga se acomodó en su silla, como buscando un lugarcito en el mundo.

Hoy googleó “aborto” y, sin mucha idea de los títulos que leía, se dispuso a bajar, y bajar, al rato volvió a su cama a llorar. Llorar y abrazarse a sí misma, que calculaba, en unos meses iba a ser ella y la otredad. No quería abrazarse, no era ella. Tenía algo que era más que biológico adentro, tenía basura, tenía desechos de un golpe del padre, tenía el grito de la mamá, tenía la mano alta de hace unos días del pibe: “del padre del hijo”, pensaba y se retorcía (ya no sabía si de dolor o de angustia).

A mi mejor amiga le dicen “gorda” en la escuela, los pibes la joden porque hace unos meses cuando se la quisieron levantar ella les dijo que no quería. No quiero. No quiero que me toques, no quiero que me susurres nada al oído como un enfermo animal, no quiero que me agarres del brazo ni del pelo, no quiero que me mires ni así ni de ninguna manera; no quiero mirarme yo tampoco.

A mi mejor amiga, en la calle, cuando va a comprar se le acercan tipos, algunos pasan en traje y otros en balis, da lo mismo porque todos le piden que les chupe la pija. Si total, la ven con la panza. Si total ya lo hiciste unas cuantas veces. Si total ya estás quemada. Si total ya te van a matar, cuando camines, cuando duermas, cuando te guste un chico, cuando a tu viejo o a tu novio se les vaya la mano, cuando te duela el parto, cuando no quieras verlo crecer, porque no es tuyo, es de la vida, y realmente no tenés lazo.

Pero lo vas a tener, le digo en voz bajita en un audio de WhatsApp, pero vas a llorar mucho y cuando lo veas vas a llorar más y posiblemente no quieras que te lo acerquen. Porque tenés miedo de abortar, porque tenés miedo de googlearlo demás y que te salte cualquiera; porque estás sola y es legal que tengas un “hijo”, pero ilegal que no quieras tenerlo.

Me va a doler, me dice, no quiero. No quiero estar sola. Mi vieja está enojada, porque soy una boluda y encima ahora con el cuentito de que no lo quiero tener, ella me dice que cuando quedó embarazada de mi, me quiso abortar pero “abrió los ojos”, y yo le digo que no, que me hubiera abortado, que ella es libre, “qué voy a ser libre nena, deja de decir tonterías”, si total no me conocía, si total yo era otredad en un mundo inmenso. Se quedó callada y me abrazó llorando, “me sentía sucia, pero hoy sos mi hija” y yo pensaba “sí, vieja, después de dieciséis años”. Yo no quiero eso para la otredad que me está creciendo adentro. Yo no la quiero. Pero papá grita fuerte y el cinto ya tiene marcas de mis uñas y mis dientes, y no tengo a dónde irme si encima estoy embarazada.

Al final lo que te crece no es tu hijo, lo que te crece es la otredad del mundo. Me dijo y solté el celular.

Si se van a mojar igual

Hoy me hice un peinado muy lindo, de hecho fue una de las pocas veces en que me interesé en que todo allí arriba estuviera en su lugar; utilicé el secador de cabello, cepillos y hasta cremas y máscaras.

Salí a caminar, fui a comprar tomates, que mi padre me había encomendado. Saludé al verdulero y cansada de que me miraran el bello acomodo que había logrado (puesto que jamás mis vecinos me habían visto “así”), suspiré.

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Nuestra canción

Todas las parejas, de esas que por la plaza caminan de la mano, tienen una canción. La llaman “su canción”. Vos y yo teníamos varias, me atrevo a decir que tenemos, en modo presente, porque siempre va a ser así, nada nunca las va a destruir. Ahora mismo estoy escuchando una, estoy caminando y ésto lo escribo en la mente, lo guardo en carpetas y lo divido en la que se llama “Mi Brillito”, siendo muy cursi y dramática.

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Esta es tu verdad

 

Agnes miraba los carteles de la ruta y aceleraba aún más. Sus hijos iban durmiendo en los asientos de atrás, bellos, dulces y silenciosos, tan calmados que daba gusto mirarlos. Era una noche igual de pacífica, 4am y caía un pequeño y tenue rocío que parecía ser el llanto de algún ángel, pero ese lloraba de felicidad porque Dios lo habría premiado con una gran cena o había salvado un alma y se sentía dichoso.

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